diciembre 9, 2022

El Señor de los Milagros tomó forma en Anserma, Caldas

Los transeúntes se sorprenden cuando ven en el andén, en la carrera 2.ª entre calles 5.ª y 6.ª, del barrio San Vicente de Anserma, departamento de Caldas, sobre una carreta metálica y una improvisada mesa, una figura humana hecha en metal que poco a poco toma forma. Al lado una cruz también hecha de hierro, de 1,5 metros de alto, despierta más curiosidad.

A su lado, concentrado, se encuentra Gustavo Román, trabajador de la metalistería, quien armado de soldador, martillo y pulidora da forma a un crucifijo que, según su autor, es una réplica del Señor de los Milagros de Buga.

Es el segundo de estos cristos que él fabrica y que realizó por encargo. Es decir ya está vendido y va para una finca de territorio ansermeño.

Cumple una promesa
Todo se inició hace 16 años, cuando nació el hijo de Gustavo, José Alexis. El pequeño presentaba una enfermedad en sus piernas que, según los primeros diagnósticos médicos, lo llevaba a correr el riesgo, a partir de los seis años, de quedar reducido a una silla de ruedas.

Gustavo se fue hasta Buga, en el Valle del Cauca, a visitar el Señor de los Milagros y le hizo una promesa: que si su hijo se sanaba, él fabricaría con sus propias manos en hierro y lámina, un Cristo, fiel copia del que se encuentra en ese lugar de peregrinación.

El milagro obró y Gustavo fabricó el crucifijo, cuya labor le tomó 20 días.

Dice: «Al principio no sabía cómo iba a darle forma al rostro y tocó ingeniármelas con martillo y ‘hueso duro’”.

Lo terminó y lo llevó hasta donde vive su hijo y allí permanece como guardián y en señal de agradecimiento.

Gustavo manifiesta que mucha gente le ofrece comprarlo, pero no lo vende y hasta lo llevó a bendecir durante la misa mensual que se hace en Anserma en honor al Señor de los Milagros. El sacerdote de la época le propuso que se llevara uno hecho en yeso y le dejara el de metal, pero no cedió.

Ahora su hijo, Alexis, le hizo este nuevo encargo para un amigo de la zona rural, quien le insistió. Tardó en fabricarlo 15 días. Gustavo reconoce que construirlo artesanalmente es muy difícil, y que si le encargaran otro su costo sería de $1.200.000.

Los curiosos siguen observándolo por horas, mientras su autor pinta su obra a punta de soplete, le unta pintura roja en las rodillas y le pone la corona.

Gustavo dice que él es un creyente y que cada cual tendrá sus propios pensamientos.

«Yo respeto mucho y aunque no faltan los comentarios buenos y malos, lo que importa es lo que cada persona lleve en su corazón», precisa.

 

Basilica menor Señor de los Milagros

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