mayo 21, 2024

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Marcela Medina, la fuerza femenina de la cuerda de tenores del Coro Nacional de Colombia

​Con su sonrisa fácil y esa mirada que se eleva para reconstruir los recuerdos, Marcela Medina Álvarez trata de ubicar ese momento en que decidió que iba a dedicar su vida a la ópera. “Siempre he tenido ganas de cantar. Específicamente, con la ópera, algún día estaba viendo un programa de televisión, salió una señora cantando y yo la imité”, rememora.

Medina está sentada en la terraza de la sala de ensayos del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella. Aprovecha un momento de receso del ensayo del día, en el que ochenta coreutas repasan el repertorio de su próxima presentación junto a la directora musical del Coro, Diana Carolina Cifuentes.

La cantante añade a la anécdota que, en ese camino de exploración inicial de la música, además de imitar los videos que veía, también se dedicó a averiguar en dónde podía estudiar. Así fue como descubrió el programa de música de la Universidad Nacional.

“Como yo imitaba la voz de las mujeres y cantaba falseteado, mi voz no brillaba mucho ahí. Y, cuando empecé a estudiar, me dijeron: ‘Tu voz realmente es grave, es una voz más grande, más robusta”, recuerda.

Antes de iniciar su transición de género, a Medina se le apareció esa incógnita de qué iba a pasar con su voz. Lo primero que hizo entonces fue averiguar que no hubiera repercusiones muy grandes si empezaba un tratamiento hormonal. “En mi caso, no había una complicación muy directa, ya que los pliegues (o cuerdas vocales) no se hacían más delgados”, explica.

Durante el proceso de control médico posterior a su tratamiento, la artista descubrió que sólo debía seguir teniendo las precauciones normales para cuidar su instrumento: hablar moderadamente y cantar conservando la técnica.

En el Coro Nacional, Medina hace parte de la cuerda de los tenores, una categoría reservada tradicionalmente a voces masculinas. Ella simplemente considera que reúnen lo mejor de dos mundos.

“A mí mucha gente me pregunta: ¿tú cómo haces? ¿Tu voz por qué es así? Y yo les respondo: ‘Esa es la magia’. Mi voz es una mezcla de todo, tiene esas partes femeninas y esas partes masculinas, que es lo que soy yo”, asegura Medina.

Una puerta al cambio
Como todos los amantes de la ópera, Marcela Medina tiene su soprano favorita: la sueca Birgit Nilsson, quien fue reconocida especialmente por su dominio del repertorio del compositor alemán Richard Wagner.

“Específicamente, me encanta cuando hizo el rol de Tosca (de Puccini): el uso del drama, su voz tan firme. Oírla era mágico y yo pensaba: ‘Quiero llegar a hacer algo así, sentir ese impacto'”, dice Medina, quien añade que algunas de sus arias favoritas son Vissi d’arte, de la propia Tosca, y la famosa Nessun dorma de Turandot, también de Puccini.

Sobre su experiencia particular, Medina recuerda que su primera presentación en público fue en un recital de la universidad. Y fue extraño. Muy extraño. La cantante afirma que, antes de la presentación, había sido una persona muy nerviosa.

“Salí supremamente tiesa, ni me movía bien, pero siento que la voz estaba bien, entonces me dejé llevar por eso. Ese primer impacto fue de mucho miedo, pero a la vez fue abrir esa puerta de decir: ‘Puedo hacer esto'”, añade.

Una de las razones que impulsó esa convicción, es su idea de que el arte siempre ha sido una primera puerta para dar el paso al cambio, para mostrar lo que es diferente, lo que se sale de lo común.

En la ópera, para dar un referente histórico, durante los siglos XVII y XVIII existieron los llamados castrati, que básicamente eran niños a los que se castraba para que mantuvieran su voz aguda y sustituyeran a las mujeres en el canto. Ese método barbárico desapareció, pero luego tomaron fuerza los contratenores, que son cantantes hombres cuya voz tiene la tesitura de las sopranos o las mezzosopranos.

“En el teatro, por ejemplo, siempre ha existido al travestismo; yo estaría haciendo eso a la inversa: una mujer que toma una representación masculina (…) Incluso ahora las mezzosopranos o contraltos están tomando los roles que antes cantaban los castrati”, asegura Medina.

Aunque competir con hombres por roles masculinos era un reto, Medina finalmente decidió que ese era el lugar desde el que quería hacer ópera. “A final de cuentas, si uno hace las cosas bien, si se prepara de la forma adecuada, puede ser realmente una buena competencia y no sentirse menos que el resto”, añade.

Colombia en un coro

Para seleccionar a sus integrantes, el Coro Nacional realizó un proceso de audición inicial en ciudades como Medellín, Cali, Pasto, Barranquilla, Bucaramanga y Bogotá, en el que participaron 284 personas.

Así empezó un proceso que ha llevado por varias regiones del país a esta agrupación, que nació en el marco del programa presidencial Sonidos para la Construcción de Paz. Esa agenda de presentaciones requiere un cronograma permanente de ensayos, como el que esta tarde reúne a Marcela Medina y a sus compañeros.

Hay que afinar cada compás, brillar cada nota, aceitar cada entrada y cada salida para que el engranaje colectivo de estas voces marche sin contratiempos.

Para Medina, uno de los aspectos más importantes del Coro es que reúne un poco a toda Colombia, no solo en regiones, sino también en culturas. Y, sobre su caso particular, afirma que a ella la escogieron por su talento, más allá de su apariencia.

“Eso es muy importante porque siento que yo valgo más como persona que por como luzco. También permite darse cuenta de que en el Coro hay de todo; entonces, así como puede haber gente que se llegue a sentir identificada con lo que estoy haciendo, también habrá otra gente que se sienta identificada por otro aspecto”, afirma.

Una de las principales apuestas de la agrupación ha sido llevar el repertorio clásico a los territorios, para acercarse a nuevos públicos y, también, interpretar músicas tradicionales colombianas en formato de coro.

Marcela Medina, con esa sonrisa amable que suele reaparecer a cada tanto cuando se conversa con ella, se imagina además otros escenarios en los que podrían experimentar con las tradiciones del formato operístico.

“Ahorita, con tantas nuevas ideas en las puestas en escena, también sería interesante explorar los personajes. De pronto, algún día, hacer que el Príncipe Calaf de Turandot sea una princesa”, se aventura a decir la cantante del grupo de tenores del Coro Nacional.

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