Sábado Santo: cuando todos perdieron la fe, excepto María, la Madre de Dios
Hoy, 4 de abril, la Iglesia vive el Sábado Santo, un día marcado por el silencio y la espera tras la muerte de Jesús. Su cuerpo yace en el sepulcro mientras el mundo parece envuelto en una profunda quietud.
Como explicó en 2010 el Papa Benedicto XVI, este es “el día del ocultamiento de Dios”, un momento en el que todo parece detenido, pero en el que se cumple el misterio de que Cristo desciende a lo más profundo para llevar allí su amor y su luz.
Mientras muchos discípulos se llenaron de miedo y desilusión, pensando que todo había terminado, la Virgen María permaneció firme. En medio del dolor, mantuvo viva la fe y la esperanza en la promesa de la resurrección.
Este día, entonces, no solo representa el silencio y la ausencia, sino también la confianza. Es el tiempo de esperar, como María, creyendo que incluso en la oscuridad más profunda, Dios sigue actuando.
