mayo 24, 2026

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Opinión | ¡Llegó la hora!: Amylkar Acosta Medina

Una fuerte e intensa ola de calor invade la región Caribe, donde el termómetro está marcando temperaturas extremas de hasta 38 °C a la sombra y, lo que es peor, con una sensación térmica que supera los 47 °C. Estos son apenas los prolegómenos de lo que será la temporada del “súper Niño”, que, como ya lo anunció el IDEAM, se espera para el próximo mes de junio

Esta situación está obligando a un mayor uso de ventiladores —abanicos, como los llamamos nosotros— y de aires acondicionados, cada vez a temperaturas más bajas para compensar el calor del ambiente interior. Como consecuencia, se ha disparado la demanda de energía, sobre todo por parte de los usuarios regulados, es decir, el consumo domiciliario.

Entre enero y abril de este año, el consumo de energía en la región Caribe promedió los 3.661 GWh, en contraste con los 3.415 GWh registrados en el mismo período del año anterior. Ello representa un incremento de la demanda de 246 GWh, equivalente a un crecimiento del 7,2 %, muy superior al promedio nacional, que fue del 5,03 %.

Las consecuencias no se han hecho esperar. Dado el rezago en la expansión de las redes de transmisión, subtransmisión y distribución, así como de las subestaciones eléctricas, sumado a la obsolescencia de muchos transformadores, esta mayor demanda está causando sobrecargas en las líneas, propiciando continuas interrupciones en la prestación del servicio de energía.

Lo que hoy ocurre en la región Caribe es, en menor escala, un anticipo de lo que podría enfrentar el país entero. El sistema eléctrico nacional atraviesa una de sus peores crisis: se encuentra bajo un alto nivel de estrés y no está preparado para afrontar los rigores de la temporada seca asociada al fenómeno de El Niño.

La matriz eléctrica carece de la suficiente resiliencia debido al déficit de Oferta de Energía en Firme (OEF) y también al déficit de gas natural. A ello se suma un agravante: el país cuenta con una sola planta regasificadora, la SPEC, ubicada en Barú (Cartagena), que ya opera al límite de su capacidad. La ausencia de una infraestructura alterna convierte esta situación en un cuello de botella que impide aumentar, en el corto plazo, la capacidad de importación de los crecientes volúmenes de gas requeridos.

Será necesario adoptar medidas urgentes y drásticas. Todo indica que el Ministerio de Minas y Energía, de la mano de la CREG, ya está tomando acciones para morigerar y paliar el impacto de este “Niño terrible”.

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