agosto 27, 2026

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Amílkar Acosta plantea desafíos para garantizar el abastecimiento energético de Colombia hacia 2030

El exministro de Minas y Energía Amílkar Acosta planteó que Colombia debe asumir la transición energética desde una perspectiva más amplia, teniendo en cuenta el crecimiento de la demanda de energía, los cambios en la geopolítica mundial y la realidad del parque automotor nacional.

Durante su intervención en la Universidad Externado de Colombia, ante delegados de Somos Uno, unión gremial de los distribuidores minoristas de combustibles que preside el guajiro Raúl Nicolás Fragoso, Acosta expuso varios desafíos que enfrenta el país en materia energética.

El exministro señaló que la transición energética ya no puede entenderse únicamente como el reemplazo de las fuentes convencionales por energías no convencionales, sino como un proceso de suma, complemento y diversificación de la matriz energética.

Según Acosta, esta redefinición responde, entre otros factores, al crecimiento exponencial de la demanda de energía impulsado por la inteligencia artificial y la proliferación de los centros de datos, cuya operación permanente demanda grandes cantidades de electricidad.

A esto se suma, explicó, la turbulencia internacional, los cambios en la geopolítica y el debilitamiento del orden internacional y del multilateralismo, factores que han llevado a varios países a priorizar nuevamente la seguridad y la soberanía energética, relegando parcialmente los objetivos de transición.

Colombia no puede pensar en una masificación inmediata de los vehículos eléctricos
Acosta también se refirió al futuro de la movilidad eléctrica en Colombia. Aunque reconoció que esta es la meta y que existe un creciente interés por adquirir vehículos eléctricos, advirtió que su masificación en el corto plazo enfrenta importantes obstáculos.

Uno de ellos es la falta de una red suficientemente robusta de electrolineras para atender la demanda de recarga. A esto se suma el ritmo de reemplazo y reposición del parque automotor.

De acuerdo con las cifras expuestas por el exministro, al cierre de 2025 el parque automotor colombiano se ubicaba en alrededor de 21,3 millones de vehículos, mientras que para 2030 se proyecta que alcance los 24 millones.

Asimismo, citó las estimaciones del Plan Energético 2050 de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), según las cuales Colombia tendría alrededor de 600.000 vehículos eléctricos en 2030.

Acosta consideró que alcanzar esa cifra será difícil al ritmo actual de incorporación de vehículos eléctricos, aunque planteó el escenario hipotético de que se logre. Si a esos 600.000 vehículos se sumara un millón de automotores convertidos a gas, frente a los cerca de 684.000 que existen actualmente, el país tendría alrededor de 1,5 millones de vehículos entre eléctricos y convertidos a gas.

Esto significaría que, para 2030, la gran mayoría del parque automotor continuaría utilizando combustibles líquidos derivados del petróleo, como gasolina y diésel, además de GLP.

Más capacidad de refinación y mayores mezclas de biocombustibles
Ante este panorama, el exministro identificó dos grandes retos para Colombia.

El primero es ampliar y repotenciar las refinerías de Ecopetrol en Barrancabermeja y Cartagena (Reficar), con el propósito de aumentar la producción nacional de combustibles.

Acosta sostuvo que la capacidad actual no sería suficiente para atender la demanda, razón por la cual Colombia ha tenido que recurrir a las importaciones, especialmente de gasolina y diésel.

El segundo reto consiste en incrementar el porcentaje de mezcla de biocombustibles en los combustibles utilizados en el país.

De acuerdo con su planteamiento, una mayor participación de biocombustibles permitiría reducir, en esa misma proporción, la necesidad de importar combustibles; mejorar su calidad y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y material particulado.

Además, consideró que esta estrategia podría convertirse en una oportunidad para el sector agrícola colombiano, al estimular una mayor producción de materias primas como caña de azúcar y palma, contribuyendo a la diversificación de la economía y a la transformación productiva del país.

Para Acosta, la discusión energética colombiana debe partir de una realidad: aunque la transición hacia nuevas tecnologías avanza, los combustibles líquidos seguirán teniendo un papel determinante durante los próximos años, por lo que garantizar su abastecimiento y, al mismo tiempo, avanzar en la transición energética constituye uno de los principales desafíos del país.

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