septiembre 11, 2026

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Aspersión aérea contra cultivos ilícitos: experto cuestiona cambio de herbicida y advierte retos para su reactivación

La posible reactivación de las pruebas de aspersión aérea para combatir los cultivos ilícitos en Colombia continúa generando debate. Mientras el Gobierno avanza en las decisiones relacionadas con esta estrategia, persisten interrogantes sobre el producto químico que será utilizado y, especialmente, sobre los requisitos ambientales, jurídicos y sociales que deberán cumplirse para ponerla nuevamente en marcha.

Daniel Rico, politólogo y exasesor del Ministerio de Defensa, analizó las decisiones adoptadas por el Consejo Nacional de Estupefacientes y sostuvo que centrar la discusión únicamente en el herbicida puede desviar la atención de los principales desafíos que enfrenta el proceso.

Uno de los puntos que genera mayor controversia es la decisión de utilizar glufocinato de amonio en lugar de glifosato. Para Rico, el cambio no representa un avance significativo desde el punto de vista ambiental o sanitario y, por el contrario, implica dejar de lado años de investigaciones y experiencia acumulada alrededor del glifosato.

“Pasar del glifosato al glufocitato, glufocinato de amonio no es ninguna ventaja ni en el tema ambiental ni en el tema de salud, sino es un retroceso importante en la línea de aprendizaje en la que ya estaba el Gobierno nacional”, afirmó el analista.

Rico también señaló que el glifosato ha sido objeto de numerosas investigaciones a nivel internacional y nacional. En ese sentido, consideró que la controversia que ha rodeado su utilización en Colombia ha estado marcada principalmente por factores políticos.

“El problema con el glifosato nunca fue científico, fue político”, manifestó, al tiempo que insistió en que “el problema técnico y científico está resuelto”.

Cuestionamientos a las pruebas piloto
Otro de los aspectos analizados por el experto tiene que ver con las pruebas que se realizarían en departamentos como Nariño y Putumayo. Rico puso en duda que un periodo de evaluación tan corto permita obtener resultados suficientes para determinar si el glufocinato de amonio ofrece mejores resultados que el glifosato.

“Ese piloto en 7 días realmente no va a arrojar información importante o determinante que indique que el glufocinato es mejor que el glifosato”, explicó.

A esto se suman las inquietudes relacionadas con los posibles efectos sobre la salud y las clasificaciones internacionales del producto. Según el analista, el glufocinato de amonio presenta niveles de toxicidad que también deben ser considerados dentro de la discusión.

“El glufocinato sí tiene unas marcaciones de trazabilidad por toxicidad más altas que el glifosato y lo ha determinado así la Unión Europea en su clasificación por nivel de toxicidad”, señaló.

El verdadero desafío estaría en el proceso ambiental
Más allá de determinar qué sustancia será empleada, Rico considera que uno de los mayores obstáculos para retomar la aspersión aérea está relacionado con el proceso de licenciamiento ambiental que tendría que adelantar el Gobierno ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA).

“El menor de los problemas es elegir cuál es el herbicida. Ese es el problema fácil de resolver. El problema complejo es cómo se va a manejar esto en el licenciamiento ambiental en la ANLA”, sostuvo.

El especialista agregó que el Gobierno también tendrá que enfrentar un escenario complejo en materia de participación de las comunidades ubicadas en las zonas donde eventualmente se desarrollen las operaciones.

Comunidades, consultas previas y costos
La relación con los habitantes de los territorios constituye otro de los factores que podrían retrasar la implementación de la estrategia. Rico recordó que los procesos de consulta previa pueden prolongarse durante varios años y representar importantes costos económicos.

“El problema complejo es cómo se va a manejar esto con las comunidades”, advirtió el analista, quien indicó que estos procedimientos pueden llegar a tener costos de entre uno y dos millones de dólares por cada consulta.

Por esta razón, considera que la discusión sobre la aspersión no puede limitarse a establecer cuál herbicida será utilizado. A su juicio, existen varios requisitos legales, ambientales y territoriales que deberán resolverse antes de avanzar de manera efectiva.

La aspersión como parte de una estrategia más amplia
En medio de un escenario marcado por una producción de cocaína que supera las 3.000 toneladas, Rico también explicó que la aspersión aérea no puede ser considerada una solución independiente para enfrentar el narcotráfico.

“La aspersión aérea no es una estrategia en sí misma. La expresión aérea es una herramienta de una estrategia”, precisó.

El experto explicó además que la aplicación de herbicidas sobre los cultivos de coca no significa necesariamente su eliminación definitiva. De acuerdo con su análisis, el efecto principal consiste en afectar temporalmente las hojas de las plantas y retrasar su capacidad de producción.

“Los herbicidas no… Lo que hacen es que tumban la hoja porque no le permiten eso y retrasan la producción 4 meses, 6 meses”, explicó.

Por ello, Rico considera que cualquier eventual regreso de la aspersión aérea tendría que estar acompañado de otras acciones contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico, incluyendo control territorial, interdicción y medidas que permitan generar alternativas legales para las comunidades que dependen de los cultivos ilícitos.

En ese contexto, el debate sobre la reactivación de esta herramienta continúa más allá de la elección del herbicida. Los procedimientos ambientales, las obligaciones legales, la participación de las comunidades y la capacidad del Estado para mantener presencia en los territorios serán factores determinantes para establecer si la estrategia puede implementarse nuevamente en Colombia.

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