junio 6, 2026

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El vallenato despide a Ovidio Granados, el maestro que convirtió la reparación de acordeones en un arte

La música vallenata está de luto tras el fallecimiento del maestro Ovidio Granados Melo, una de las figuras más respetadas del folclor colombiano. Su partida ha generado pesar entre familiares, músicos y seguidores que reconocen en él a un destacado acordeonero, compositor, juglar y técnico de acordeones cuya huella marcó varias generaciones.


La historia de Ovidio Granados estuvo marcada desde sus primeros años por la tradición musical. Nació en octubre de 1941 en Mariangola, corregimiento de Valledupar, en el seno de una familia donde el acordeón y los ritmos vallenatos hacían parte de la vida cotidiana. Su padre, Juan Granados, fue un reconocido músico de la región y se convirtió en una de las principales influencias para que el joven Ovidio emprendiera el camino que más tarde lo llevaría a convertirse en una de las figuras más respetadas del folclor vallenato.

A unique nunca logró coronarse Rey Vallenato, pese a ser uno de los grandes favoritos en varias ediciones del Festival de la Leyenda Vallenata, su nombre quedó inscrito entre los más importantes exponentes del género. Participó en el primer festival realizado en 1968, donde ocupó el segundo lugar detrás de Alejandro Durán. Posteriormente volvió a competir en 1975 y 1983, obteniendo nuevamente el subcampeonato.

Su persistencia y aporte al folclor fueron reconocidos décadas después. En 2025, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le otorgó el título de Rey Vallenato Vitalicio, una distinción reservada para aquellos maestros cuya trayectoria engrandeció el género, aunque la corona les hubiera sido esquiva.

Más allá de los concursos, Ovidio Granados construyó una exitosa carrera musical como fundador de Los Playoneros del Cesar, agrupación que alcanzó gran reconocimiento durante la década de los sesenta.

También dejó su sello junto al cantante Diomedes Díaz, acompañándolo con su acordeón en canciones como “Diana”, de Calixto Ochoa; “Las Cosas del Amor”, de Marciano Martínez; y “Palmina”, de Joaquín Bettín, interpretaciones que forman parte del repertorio histórico del vallenato.

Su talento no se limitó a la ejecución musical. Como compositor dejó obras como el paseo “El Pobrecito” y el merengue “El Vicio”, piezas que reflejan su creatividad y conocimiento profundo de las raíces del género.

Sin embargo, una de las facetas que más admiración despertó fue su habilidad para reparar y afinar acordeones. Durante décadas, músicos de distintas regiones acudieron a su residencia en el barrio Las Delicias de Valledupar para poner en sus manos sus instrumentos. Gracias a su conocimiento y precisión, era conocido como el “cirujano de los acordeones”.

Ese oficio lo aprendió desde niño observando el trabajo de Ismael Rudas, uno de los pocos especialistas en reparación de acordeones que existían en la región. Con el paso de los años desarrolló sus propias técnicas, diseñó herramientas y afinadores, y logró un prestigio que trascendió las fronteras del país.

Su reconocimiento llegó incluso a Alemania, donde fue invitado por la fábrica Hohner para conocer de cerca los procesos de fabricación y reparación de acordeones. Allí compartió experiencias con técnicos especializados y reafirmó los conocimientos que durante años perfeccionó de manera empírica.

La tradición musical también quedó en manos de sus descendientes. Sus hijos Juan José Granados y Hugo Carlos Granados alcanzaron el título de Reyes Vallenatos en 2005 y 2007, respectivamente. Hugo Carlos, además, se convirtió en uno de los acordeoneros más laureados del Festival de la Leyenda Vallenata. Otros miembros de la familia heredaron el oficio de reparación de acordeones, entre ellos Ovidio y Eudes Granados, este último fallecido en el accidente aéreo ocurrido en Venezuela en 1994, donde también perdió la vida el acordeonero Juancho Rois.

El escritor, compositor y gestor cultural José Atuesta Mindiola lamentó la partida del maestro y destacó el legado que deja para el folclor colombiano.

“El vallenato pierde a un músico ejemplar. Ovidio Granados hizo historia con su acordeón, su talento y su dedicación. Su legado permanecerá vivo entre sus familiares, colegas y seguidores”, expresó.

Las honras fúnebres se realizan en Valledupar, donde familiares, amigos y admiradores le dan el último adiós a quien dedicó su vida a la música y a preservar el sonido auténtico del acordeón vallenato.

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